reconoce sus orígenes

Palabras terribles

Crítica a una reacción desmedida ante la tímida apertura del Sínodo a la homosexualidad

Publicado: 2014-10-15

Sandro Magister es un influyente periodista italiano especializado en temas vaticanos. Aunque no comparto sus puntos de vista, lo leo con cierta frecuencia porque suele estar bien informado. No habría creído necesario mostrar mi desacuerdo con lo que escribe, a no ser por lo que publicó hoy en su blog.

Resumo los cuatro puntos sustanciales de su artículo: (1) Bruno Forte es el autor de los párrafos explosivos de la Relatio sobre la homosexualidad (50-52), cuyo tono algunos tratan en vano de suavizar diciendo que solo es un documento de trabajo. (2) Al interior del sínodo hubo un verdadero levantamiento contra esos párrafos, pues no había unanimidad, y nadie pudo impedir el impacto que han tenido en la opinión pública mundial. (3) Para justificar los párrafos, sus partidarios apelan a “casos humanos” que quieren respaldar con estadísticas. Pero las estadísticas dicen otra cosa. En Italia, por ejemplo, apenas hay un 0.05% de parejas del mismo sexo (cifras del 2011). (4) Por último, san Pablo tiene palabras terribles (terribile parole) contra la homosexualidad en la carta a los Romanos. (Ver original en http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it)

Me parece que los dos primeros puntos son indiscutibles. Es probable que haya mucho que discutir sobre el tercero, porque siempre se pueden discutir las estadísticas. A mí solo me interesa el cuarto punto: el uso de la cita bíblica.

El pasaje citado por Magister es Rom 1: 18-32, y lo cita así:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad. […] Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no Lo honraron como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. […] Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza. De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío. Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. Están llenos de toda injusticia, maldad, avaricia y malicia, llenos de envidia, homicidios, pleitos, engaños, y malignidad. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios, arrogantes, inventores de lo malo, desobedientes a los padres, sin entendimiento, desleales, sin amor, despiadados. Ellos, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican.

Suena muy duro y me imagino que es uno de los pasajes favoritos de quienes quieren lograr el mismo efecto. Pero no hace falta ser un activista LGTB ni mucho menos gay para estar en total desacuerdo con esa interpretación. Basta con notar el abuso que se comete.Si san Pablo resucitase en el siglo XXI, tal vez quisiera trasmitir el mismo mensaje a los romanos de hoy, pero de una manera mucho más clara, para lo cual usaría figuras propias de nuestra época. Diría, tal vez, algo así:

La ira de Dios se revela contra TODA impiedad e injusticia. No hay excusa para los injustos. Por eso, Dios los entregó a pasiones degradantes; porque muchos de sus sacerdotes cambiaron la castidad por la pederastia. De la misma manera también muchos de sus jerarcas, abandonando el sentido de servicio, se encendieron en la lujuria del poder, cometiendo hechos vergonzosos de corrupción. Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. ¿Cuáles son esas cosas que no convienen? TODA injusticia, maldad, avaricia, malicia, envidia, homicidios, pleitos, engaños, malignidad, chisme, calumnia, insolencia, soberbia, arrogancia, desobediencia a los padres, deslealtad, falta de amor y crueldad. Y aunque conocen el decreto de Dios que castiga a los que practican TODAS estas cosas, los que así obran, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a quienes las practican. 

Aparentemente, la homosexualidad producía en san Pablo el mismo rechazo indignado que hoy produce, en la mayoría de nosotros, el abuso sexual de menores y la corrupción de la función pública. Esas son dos indiscutibles figuras actuales del mal.Las llamo figuras, porque se trata, en efecto, de configuraciones culturales, expresiones contingentes del mal, que cambian según los tiempos y las percepciones. Una prueba de esos cambios es el hecho que la Iglesia católica haya tolerado a los curas pederastas durante siglos, atribuyendo el mal no al sacerdote, sino al influjo del demonio sobre él. Tampoco veían mal que el banco vaticano recibiese dinero sucio, porque lo santificaba el uso de las ganancias en beneficio de las obras religiosas. Pero esas percepciones han empezado a cambiar. Hoy las máximas autoridades declaran que la pederastia debe ser inmediatamente denunciada para proteger a los menores; y las finanzas vaticanas se han sometidos a los usos bancarios decentes del resto de Europa. Estas son señales evidentes de un cambio de mentalidad respecto de esas figuras.

En la religión cristiana no hay relativismo ético porque el amor es un principio absoluto. Eso significa que lo único necesariamente malo es no amar. Pero las diversas configuraciones del mal a lo largo de la historia varían. Acciones y omisiones consideradas malas en el pasado o en el presente pueden ser transformadas por el amor, y en el futuro, bajo circunstancias que ni siquiera alcanzamos a imaginar, podrían producir una percepción colectiva enteramente distinta. Cada época condiciona, pero no determina, sus propias configuraciones del mal.

En esa misma dirección, también es señal de cambio —tímido todavía— que en el Sínodo haya obispos que empiecen a decir que la homosexualidad puede convivir con el amor cristiano, lo que supone que las parejas del mismo sexo no son el depósito natural de todos los vicios, como sugiere la lectura de Magister. A pesar de la contundencia que quiere otorgarle, el texto no establece una relación necesaria entre la homosexualidad y el mal. Solo refleja la indignación que le producía a san Pablo, una indignación comprensible en su propio contexto, pero que hoy se llama homofobia.


Escrito por

Luis Eduardo Bacigalupo

Anti-filósofo, profesor de filosofía dedicado al estudio de la religión, creyente escéptico, malleus maleficorum... etc.


Publicado en

El Ojo de Timón

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