reconoce sus orígenes

Francisco es un papa, no un mago

Publicado: 2015-05-16

Me repito esta frase como un mantra, porque es bueno que el entusiasmo y el 'wishful thinking' estén relativamente bajo control.

¿Qué truco no puede hacer el papa? No puede convertir a la Iglesia Católica en una iglesia pobre. Puede quizás re-orientar sus inversiones —y no sin gran esfuerzo— en una dirección más favorable a los necesitados; pero no la puede convertir en una institución pobre.

Se estima que el patrimonio de la Iglesia Católica asciende a unos 10 mil millones de euros. Ningún papa puede deshacerse de ese tesoro y el deber de Francisco es incrementarlo, para mayor gloria de Dios.

Cómo se logró amasar esa fortuna en el pasado reciente es otra historia, fascinante y con varios capítulos, por cierto, de novela negra; pero, por ahora, no viene al caso tratarla.La pregunta de Francisco no es qué pasó, sino cómo incrementar el tesoro de la Iglesia y a la vez controlar los daños producidos en la opinión pública mundial por los usos financieros del Vaticano. Es desde ese ángulo que habría que analizar, a mi modesto entender, su labor reformista. 

La crisis actual empieza con el milenio, cuando la tragedia de las Torres Gemelas puso en marcha mecanismos de control financiero sobre aquellos estados que no acataban las regulaciones internacionales y permitían el lavado de dinero a través de sus instituciones bancarias. Uno de esos era el Estado del Vaticano. Tomó, sin embargo, diez años para que las autoridades financieras italianas, presionadas tal vez por la UE y los EEUU, decidieran confiscar dos cuentas el IOR (Instituto para las Obras Religiosas, que es como se llama la banca vaticana) por un monto de 23 millones de euros. La razón de la confiscación fue que el Vaticano se rehusó a revelar la procedencia de ese dinero.

Eso ocurrió en 2010. Dos años después, en marzo de 2012 —supongo que también bajo presión— el JPMorgan Chase de Milán cerró una cuenta del IOR por la misma razón: —¿De dónde proviene esta plata?No se oye, padre. A través de esa cuenta milanesa el IOR transfirió mil millones y medio de euros. El Banco de Italia reaccionó prohibiendo a toda entidad financiera italiana que estableciera vínculos con la banca vaticana. Y en esos mismos meses, la prensa mundial estaba convenientemente entretenida con el escándalo de los Vatileaks y la increíble historia del mayordomo Paolo, de quien ya nadie se acuerda.

Al año siguiente, un mes antes de la renuncia de Benedicto, le tocó el turno al Deutsche Bank Italia. El Banco de Italia le prohibió a la institución alemana operar en la ciudad del Vaticano. Desde luego, Benedicto XVI no renunció al papado porque se quedara sin sus tarjetas de crédito. La renuncia es también otra gran historia, un evento que de ningún modo podemos reducir a la crisis de las finanzas vaticanas; pero tampoco es posible sacar de ese escenario dramático los esfuerzos del papa Ratzinger por poner al IOR en el concierto de la banca europea.

Se dice que el Papa del Fin del Mundo llegó al solio pontificio no solo porque así lo dispuso el Espíritu Santo, sino además por el concertado apoyo de sus electores angloparlantes. Cuando se habla de una 'movida anti-italiana', se implica con esa frase que la mayoría del electorado creía que no iría a haber jamás trasparencia en el IOR si los cardenales italianos elegían a uno de los suyos. Pero sería muy simplista e ingenua una lectura que dijera: claro, italianos corruptos, gringos honrados.

En algunos análisis —como, p.ej. el de Betty Clermont—,  los cardenales que votaron por Bergoglio son presentados como los representantes de la plutocracia global, razón por la cual, Francisco se habría rodeado de inmediato (ya en junio) de consultoras como McKinsey & Co., Brian & Co., The Boston Consulting Group y Promontory.

¿A qué se dedican esas consultoras? Responder a esta pregunta es asunto de una investigación especializada, que está fuera de mi alcance; pero no me parece aventurado suponer que están en el Vaticano, cobrando cifras que deben ser siderales, para responder a la pregunta crucial de Francisco: ¿cómo incrementar el tesoro de la Iglesia y a la vez controlar los daños producidos en la opinión pública mundial por los malos usos financieros del pasado?

No hay que olvidar, además, que el jefe de prensa del Papa no es el jesuita Lombardi, que es solo su vocero. Quien maneja tras bambalinas esa imagen positiva que Francisco está dando al mundo entero es un publicista norteamericano, llamado Greg Burke, que cuando uno lo googlea se entera de que es periodista de Fox News y miembro del Opus Dei.

Sobre el papel que desempeña en este escenario el Opus Dei, cito aquí a Clermont: It has been widely assumed that Pope John Paul II made Opus Dei the major power player in the Vatican and universal Church after they put up the $224 million the Vatican was forced to pay in compensation to Banco Ambrosiano creditors because the Vatican Bank was broke and no one else had this kind of money. Banco Santander is Opus Dei’s flagship financial institution. It is “a colossus with 10,000 branches which prides itself on having the most’ branches than any other bank in the world” and is “present mainly in Spain, Portugal and Latin America, those territories inhabited by tens of millions of Catholics.”

El Opus Dei entró en la escena contemporánea como una fuerza plutocrática, y entró para no salir, de eso no cabe duda. Entonces, cuando me veo prestando atención solidaria a las incontables quejas y denuncias acerca de las prácticas anti-cristianas de esa organización,  suelo recordarme —casi como una reconvención— que Francisco no podría intervenir al Opus Dei en paquete, como ocurrió con los Legionarios de Cristo, porque, en este otro caso de ‘iglesia dentro de la Iglesia’, la dependencia económica del Vaticano parece ser incomparablemente mayor.



Escrito por

Luis Eduardo Bacigalupo

Anti-filósofo, profesor de filosofía dedicado al estudio de la religión, creyente escéptico, malleus maleficorum... etc.


Publicado en

El Ojo de Timón

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